miércoles, 15 de febrero de 2012

Community Manager, ¿realidad o cancamusa? (2ª parte)

Evidentemente toda empresa que tiene una importante presencia online, y por tanto se juega sus “garbanzos” en la Red, haría bien en contar con un profesional en ese campo. El archifamoso Community Manager. No en vano empresas punteras como Coca-Cola o Telepizza, cuentan con profesionales cualificados para esa labor. Harina de otro costal es la, en mi humilde opinión, burbuja que se ha creado a propósito de esta profesión. Y es que parece improbable que el mercado pueda absorber la enorme demanda que ha surgido. 

Al calor del término Community Manager, que ya comienza a desgastarse y por tanto surgen nuevos apelativos, han aparecido una miríada de cursos, conferencias y Máster, algunos de dudosa calidad, que se aprovechan de los vientos de la popularidad.

Y como muestra un botón. Recientemente un evento, de tres días de duración, otorgaba a los participantes un documento acreditativo de “Experto en Social Media”. Por fortuna el experto en Reputación Social Coorporativa Óscar del Santo, de forma educada pero enérgica, solicitó que precisarán el término, y se cambió por el menos rimbombante “Certificado de Asistencia”. 

Sinceramente desconozco la calidad del evento, o la formación de sus ponentes, así que me niego a sacar más conclusiones de algo que pudo ser un desafortunado desliz. Sin embargo, ilustra los peligros de una profesión que comienza a dar sus primeros pasos, y de la que muchos se aprovechan, ofreciendo una imagen deliberadamente distorsionada. 

Nota: Imagen con derechos Creative Commons. Autor por withrow

martes, 7 de febrero de 2012

Crisis, autoempleo y economía sumergida


Una imagen que refleja una crisis. Se trata de un panel de anuncios de una tienda cualquiera del centro de Valladolid. Como se puede ver los carteles desbordan el panel de corcho, siendo muchos de ellos, anuncios de particulares que ofrecen sus servicios a modo de autoempleo. Profesores de inglés, física, música, cuidadores de personas mayores, pequeños arreglos domésticos, etc.

Todas estas personas podrían ser perfectamente empresarios-autónomos. Tienen su negocio, sus clientes, sus vías de promoción, sus problemas y quehaceres diarios. En muchos casos son personas que buscan crearse su propio trabajo en un mercado laboral que hasta ahora les ha cerrado otras salidas. En todos los aspectos son emprendedores. Por desgracia se ven obligadas a operar en un mercado negro paralelo, y no precisamente por gusto. Lamentablemente el sistema no tiene cabida para ellos.

Y es que uno de los mayores costes de un trabajador autónomo es su cuota de la seguridad social. Una vez dado de alta, el empresario-autónomo debe fijarse un (ficticio) salario mensual, del que saldrá una cantidad fija de dinero que religiosamente abonara todos los meses a la Seguridad y Social. Y que por supuesto, no guarda relación alguna con sus beneficios (o pérdidas) reales.

Para hacernos una idea. Una persona, que cotice por la base mínima, acogida a incapacidad temporal y con cese de actividad deberá abonar todos los meses alrededor de 250 euros. Demasiado para un profesional que en muchos casos no va alcanzar una media de 1.000 euros.

Y es una pena porque si el sistema previera cuotas reducidas, aunque solo fuera para los casos de autoempleo (o microempresas), podría emerger mucha de esta economía sumergida. Estos profesionales podrían operar en un marco con mayor seguridad jurídica, y de seguro, el Estado se beneficiaría de unos ingresos mayores de los que ahora percibe.   

Nota: Imágenes propias.

miércoles, 1 de febrero de 2012

¡Menuda IKEA!

IKEA ha convertido la externalización del trabajo en su buque insignia. No en vano gracias, aunque no exclusivamente, a esta forma de operar han logrado erigirse como una empresa puntera. Sin embargo, lo llamativo del caso, es que el objeto de su externalización corresponde a un colectivo de personas totalmente novedoso: Sus clientes. 


Y es que parte del secreto de los precios tan asequibles de IKEA se debe a que es el propio usuario quien debe ensamblarlos. Para ello han desarrollado un sistema de gestión y optimización ejemplar. Desde los embalajes de sus muebles, envidia de cualquier jugador de Tetris, que optimizan el espacio al cien por cien, hasta sus manuales de instrucciones, elaborados mediante imágenes para que no sea necesario traducir a ningún idioma, todo en IKEA está pensado al milímetro.


El resultado, como no, es un rotundo éxito. La primera de las imágenes de los aparcamientos repletos corresponden a una mañana laborable del IKEA de Valladolid apenas unos pocos días después de su inauguración. La segunda es de unos sus manuales de montaje. ¡Menuda IKEA!